¿Qué locura es ésta? Los niños se suben en el coche y ya piden el DVD. Se sientan a comer y quieren el móvil o la tableta de los padres. En cualquier momento y lugar exigen entretenimiento instantáneo. Si hay algún adulto desprevenido, el niño vendrá a exigirle que juegue con él. ¿Desde cuándo empezó a ser problema de los adultos que los niños se aburran? De toda la vida, si los niños se aburrían, era su problema, pero de alguna manera (¿alguien sabe cómo?) han conseguido hacerlo nuestro.
Es mejor una niña traviesa que una niña que no sabe divertirse sola, creo. Y me pregunto con angustia si todavía queda en este mundo alguna niña traviesa (o sea, con la imaginación y la capacidad organizativa suficientes para pergeñar y ejecutar una trastada).


Los niños merodean en las tertulias de adultos intentando llamar la atención. Y lo logran. Y si no lo logran, lloran. Y entonces lo logran. 

“Niño, no interrumpas. Si te aburres, búscate la vida”. Qué gran favor suponen estas palabras para todos. Con ellas estamos invitando al retoño primero a escuchar y (si se aburre de la conversación de los mayores) también a crearse su propio mundo de entretenimiento. A buscar dentro de sí mismo. A jugar a solas o con los hermanos (si los tiene y aunque sean de otras edades) y los amigos. Por supuesto nadie dice que no haya que jugar con ellos. Hay que hacerlo, pero que no lo den por sentado. Que sea un premio. Que no cuenten con ello. Que su diversión no dependa de la mirada o la participación de un adulto.


 Cada vez menos niñas/os miran ya el paisaje en los largos viajes en coche. Antes del surgimiento del DVD portátil, del móvil y la tableta, las niñas/os cantaban canciones que debían recordar de memoria (no estaban en el CD) o jugaban a juegos que requerían imaginación (Veo-Veo) o inventaban historias, o escuchaban la música de los mayores…

Además, a través de esa pantalla mágica que es la ventanilla del coche, cuando uno era pequeño, descubría montes, ovejas, ruinas, cuervos, tractores, riscos, choperas, colores y sombras de nubes que lamían los sembrados… y cuando el coche iba llegando a una ciudad, fábricas, desguaces, naves industriales, moteles… y luego, los arrabales: las casas donde vive gente pobre. Los tejados de uralita, los solares de columpios oxidados donde quizá nuestros ojos de niño se cruzaban con los de otro niño. Un niño de otro mundo. Y nos poníamos en su lugar. Ahora ya no. El niño del columpio oxidado mirará al del monovolumen. Y el del monovolumen estará viendo cualquier cosa en el DVD portátil. Y no sabrá qué es un rebaño de ovejas (aunque se esté convirtiendo en una).
Toño Fraguas








¿Nos imaginábamos nuestra sociedad así hace 30 años? 
 Se han cumplido algunas expectativas y algunos temores, como el de estar vigilados por todos lados. Hay cámaras en todas partes y cada vez que hacemos algo en internet, vamos dejando rastro. Estamos más vigilados que en 1984 (novela de George Orwell), no hay mayor transparencia política y los ciudadanos no estamos empoderados. Las ciudades no han desaparecido, mientras la inteligencia artificial se ha apoderado de nosotros como un nuevo Frankenstein. 


 En Blade Runner hay una ciudad distópica y decadente, porque ha habido un desastre, mientras que nuestras ciudades no están deteriorándose, sino regenerándose. Sin embargo, las urbes se van a parecer a la de Blade Runner en un sentido: cada vez hay más robots. El móvil, que nos permite despertarnos o hacer llamadas, es una especie de robot aunque no tenga un aspecto antropomorfo. Por otro lado, nosotros somos cada vez más cíborg, ya sea para mejorar nuestros cuerpos o para mejorar ciertas funciones, como la retina o piel electrónica. Nuestras mentes también son cíborg, porque cada vez dependemos más de internet.


 ¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuarta revolución industrial?
Es la revolución del internet de las cosas, de los objetos que se comunican entre sí, de la economía colaborativa y de las nuevas formas de comunicarse. Las empresas tienen que adaptarse a otra forma de productividad. Por ejemplo, el carrete murió y Kodak no supo verlo y fue reemplazado por la tecnología digital. Con los coches pasará lo mismo: Ford sigue produciendo coches, mientras que Tesla produce software sobre ruedas. La informática, el software, los algoritmos cumplen cada vez un rol más importante. Hay empresas que comprenden esto y se ponen al día. Susana Finquelvich